Cierre de expenal del Topo Chico acaba negocios

Fabricio Gallegos
14 de Febrero 2020, 15:32 horas.
Cierre de expenal del Topo Chico acaba negocios

Foto: Luis Mendoza

Los negocios de renta de ropa y calzado desaparecieron, pues dependían exclusivamente de la actividad del penal

Monterrey.- El cierre del expenal y posterior demolición del Topo Chico acabó con una economía que dependía del reclusorio, sólo en el mercado Rodrigo Gómez, aledaño al lugar, de los más de 200 locatarios que había, hoy quedan 20 de ellos.

El centro penitenciario cerró sus puertas el 30 de septiembre del 2019, después de 76 años de albergar tras las celdas a un sinfín de personas privadas de su libertad.

Los negocios donde se rentaba ropa y calzado para poder entrar al centro penitenciario, según lo dictaban las reglas, desaparecieron, pues dependían exclusivamente de la actividad del penal.

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ABC Noticias hizo un recorrido por las calles cercabas al complejo y se constató que lo que antes era, cuando estaba en funciones el penal, un punto con intensa actividad comercial, hoy es casi nula.

Justo afuera del área que era destinada como acceso de las visitas a los internos, sólo queda un local donde se rentaba ropa y se utilizaba como guardarropa para los familiares de los reos, sin embargo, está cerrado y no ofrecen ya el servicio debido al cierre del penal.

De la misma forma el mercado Rodrigo Gómez se encuentra en el olvido, casi abandonado, de los 225 locales que hay en su interior sólo se mantienen activos unos 30 locales.

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Martha García, es dueña de uno de los tres escritorios públicos que existen todavía y contó que tiene 12 años en ese mercado.

Sin embargo, señaló que tras el cierre del penal, sus ventas se han visto afectadas de manera importante, teniendo un descenso en sus ingresos de cerca del 80 por ciento.

"Pues desaparecieron totalmente, se acabó ese tipo de negocios", indicó García.

Señala que su madre tiene un negocio de comidas al interior del mercado, donde antes vendía entre 30 a 35 comidas diarias mientras el penal se encontraba en operaciones, pero actualmente señaló que hay días donde se vende un sólo platillo durante el día.

Armando Campos, otro de los dueños de un escritorio público indicó que el trabajo en la zona se redujo considerablemente, y los puestos que se encontraban al exterior se movieron ahora hacia el penal de Apodaca.

"Aquí, lo que se hacía era paquetería, los que tenían paquetería combinaban con dulces, refrescos botana, pero los de afuera eran los que recibían más clientela, al cambiarse a los presos se retiraron", indicó Campos.

De esta forma, casi a la par de la demolición del centro penitenciario, los negocios que subsistían por las visitas de familiares de los propios reos, desaparecen poco a poco.

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