Opinión: ¿Por qué recordamos mejor la letra impresa que la letra digital?

Profesora Naomi S. Baron
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Escrito en DISTRITO ABC el

Durante la pandemia, muchos profesores de universidad dejaron de usar los textos impresos y se volcaron a los textos digitales o a los cursos multimedia.

Como profesora de Lingüística, he estudiado cómo la comunicación electrónica se compara con la tradicional en forma impresa en lo que tiene que ver con el aprendizaje.

¿Comprende lo mismo una persona cuando lee un texto en una pantalla que cuando lo lee en un papel?, ¿escuchar y leer es igualmente efectivo que leer en palabra escrita aun cuando se trate exactamente del mismo contenido?

La respuesta para ambas preguntas es “no”, como ya lo he discutido en mi libro “Cómo Leer Hoy”, publicado en marzo del 2021.

Las razones son diversas e incluyen desde una menor capacidad de concentración y una mentalidad enfocada al entretenimiento, hasta la tendencia a estar haciendo varias tareas (multitask), que es lo que ocurre cuando consumimos contenidos digitales.

Lectura impresa Vs. digital

Cuando leemos textos que contienen varios cientos de palabras o más, el aprendizaje es generalmente más exitoso si lo hacemos en papel que si lo hacemos a través de una pantalla.

Hay una gran cantidad de investigaciones que confirman esta aseveración.

Los beneficios de la letra impresa son especialmente claros cuando pasamos de tareas sencillas como identificar la idea principal en un pasaje escrito, hacia otras que requieren una mayor función mental, como es hacer deducciones de un texto.

La lectura impresa también mejora las posibilidades de recordar los detalles, por ejemplo “¿de qué color es el cabello de un actor?”, y de recordar dónde ocurrieron los eventos de una historia, por ejemplo si “el incidente aconteció antes o después de un golpe de Estado”.

Investigaciones muestran que tanto los estudiantes de educación básica como los de universidad creen que si realizan la lectura de un examen en forma digital, podrán obtener mejores calificaciones.

Sin embargo, los mejores resultados se dan cuando leyeron los materiales de forma impresa antes de llegar a la prueba.

Los educadores deben tomar en cuenta que el método que se use para aplicar los exámenes a los alumnos puede afectar sus resultados.

Estudios hechos con estudiantes noruegos de Décimo Grado y estadounidenses de Tercero a Octavo grado reportan mejores calificaciones cuando las pruebas se aplican en papel.

En el caso estadounidense, los efectos negativos de las pruebas en digital fueron aún más evidentes en estudiantes con bajos niveles de lectura, con aquellos que tenían poco dominio del inglés y también con los estudiantes de educación especial.

Mis propias investigaciones y las de algunos colegas plantean el asunto de otra forma. En lugar de analizar a estudiantes que leen y toman una prueba, les preguntamos cómo perciben en general su aprendizaje cuando usan materiales impresos o digitales.

Tanto los estudiantes de preparatoria como los de universidad dijeron mayoritariamente que la lectura en papel les permitía una mejor concentración, aprendizaje y retención que las lecturas digitales.

Las discrepancias entre resultados impresos y digitales se relacionan parcialmente con las propiedades físicas que tiene el papel. 
Con el papel, hay una manipulación física que hacemos con las manos, así como una “geografía visual” de las diferentes páginas.
Las personas generalmente ligan la memoria de lo que han leído con qué tan lejos han avanzado físicamente en un libro o en qué parte de una página se encuentran.

Pero también entra en juego la perspectiva mental, y lo que los investigadores de la lectura llaman “hipótesis superficial”. Según esta teoría, la gente se aproxima a los textos digitales de forma más casual, debido a la influencia de las redes sociales, y dedican por tanto, menos esfuerzo mental que el que le dedican a la lectura impresa.

Los podcasts y los videos en línea

Ante la tendencia de los “flipped classrooms” (“clases al revés’, asociadas a un nuevo modelo pedagógico que se basa en invertir los procesos de enseñanza y aprendizaje), los estudiantes escuchan o ven contenidos antes de que inicie la clase. Además, hay una mayor disponibilidad de podcasts y contenidos en línea en video, ante lo cual muchas asignaturas escolares que anteriormente requerían lecturas, ahora requieren que los estudiantes vean y escuchen.

Estas sustituciones se han acelerado durante la pandemia y favorecieron el llamado aprendizaje virtual.

Al encuestar a profesores universitarios de Estados Unidos y Noruega en el 2019, la profesora Anne Mangen, de la Universidad de Stavanger, y yo nos encontramos con que en EU, un 32% de los maestros habían reemplazado los textos por materiales de video y un 15% lo habían hecho por materiales de audio.

Los números eran ligeramente inferiores en Noruega, pero en ambos países el 40% de los encuestados que había cambiado los requerimientos de sus cursos en los últimos cinco o 10 años, estaban ahora asignando menos lecturas.

La razón principal de este cambio hacia el audio y el video es que entre los estudiantes había oposición a las lecturas.

El problema no es nuevo, pues un estudio del 2015 entre más de 18,000 estudiantes de universidad de grados finales ya revelaba que sólo un 21% completaba sus asignaciones mediante lecturas.

El audio y el video pueden sentirse más atractivos que el texto y por tanto los profesores recurrieron con mayor frecuencia a estas tecnologías. Por ejemplo, dieron prioridad a gestionar conferencias de algún personaje que a la lectura de un artículo del mismo.

Maximizando el enfoque mental

Los psicólogos han demostrado que cuando los adultos leen noticias o escritos de ficción, recuerdan una mayor parte del contenido que cuando sólo lo escuchan.

Investigadores también han llegado a conclusiones similares con estudiantes universitarios que leen artículos contra aquellos que escuchan el podcast de un texto idéntico. 

Otro estudio similar confirma que los estudiantes se distraen más cuando escuchan un audio que cuando leen.

Los resultados con estudiantes más jóvenes son similares, pero con un pequeño cambio. Un estudio en Chipre concluyó que la relación entre leer y escuchar cambia cuando los niños se vuelven lectores más fluidos.

Mientras los niños de Segundo Grado tienen una mejor comprensión al escuchar, los de Octavo Grado muestran mayor comprensión al leer.

Investigaciones sobre aprendizaje a través del video y texto reflejan lo mismo que vemos con los audios. Por ejemplo, investigadores de España descubrieron que los alumnos desde Cuarto hasta Sexto Grado muestran una mucho mayor integración mental de los materiales que aquellos que ven videos.

Los autores sugieren que los estudiantes “leen” los videos más superficialmente porque los asocian con entretenimiento y no con aprendizaje.

Las investigaciones colectivas muestran que los medios digitales tienen características y prácticas de usuario comunes que pueden limitar el aprendizaje. Éstas incluyen menor concentración, una mentalidad condicionada al entretenimiento y propensa a realizar diversas tareas simultáneas (multitask), falta de puntos fijos de referencia, menor uso de anotaciones y una revisión menos frecuente de lo que se leyó, vio o escuchó.

Tanto los textos como los audios y videos digitales juegan papeles educativos, especialmente cuando ofrecen recursos que no están disponibles en forma impresa.

Sin embargo, para maximizar el aprendizaje, donde el enfoque mental y la reflexión son necesarios, los educadores y también los padres deben entender que no todos los medios son lo mismo aun cuando éstos contengan exactamente las mismas palabras.

Este artículo fue publicado originalmente en TheConversation.com y se reproduce en español bajo la licencia de Creative Commons (creativecommons.org). Esta versión en español realizada por Distrito ABC fue avalada por el autor.