Green Clean: creciendo en verde

El fundador de las tintorerías Green Clean narra cómo su proyecto, nacido en Monterrey, cambió las reglas del mercado con un enfoque ecológico, el cual ha sido clave para su fuerte expansión en México y Latinoamérica

Portada Distrito ABC edición abril 2024
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Dicen que “la ropa sucia se lava en casa”. Sin embargo, Óscar Escalante creó y diseñó un modelo de negocios para que no fuera así.Este regio de alma emprendedora y con gran conciencia ecológica decidió hace más de 15 años -mucho antes de que el boom de la sustentabilidad inundara las empresas- dejar a un lado el sector financiero, al que estaba dedicado, para iniciar una compañía.

Así creó Green Clean una cadena de tintorerías ecológicas que opera bajo el tradicional método de lavado en seco, pero con un solvente a base de silicón líquido que, afirma, es 100% biodegradable y no daña las prendas, el ser humano y tampoco el medio ambiente.

Después vendría el crecimiento y el auge con un esquema de franquicias que le ha permitido crecer de forma ordenada en cinco países latinoamericanos, incluido México, donde su concepto cuenta ya con más de 55 unidades.

Y todo fue una casualidad 
La historia nació cuando Escalante inició un negocio de tintorerías en su natal Nuevo León. “Todo surgió de una casualidad, lo demás ha sido trabajo diario”, asegura.

Poco antes de 2009, cuenta, llegó a sus manos una publicación de Green Earth Cleaning, una empresa proveedora de soluciones de limpieza ecológica en seco que opera desde 1998. 

Como anteriormente ya había estado en el negocio de las tintorerías, Escalante solía mantenerse al tanto de lo que ocurría en la industria.

En aquella publicación se enteró de quién era Green Earth y supo que se trataba de una empresa creada por ex dueños de tintorerías, como él, que innovaron en el servicio con soluciones ecológicas, dejando atrás los solventes petroquímicos que comúnmente se usan en estos negocios.

La empresa se había asociado con Procter & Gamble y General Electric para la fabricación de un silicón líquido hecho a base de arena y que contaba con esquemas de licencias para operar tintorerías.

Como buen empresario, tras leer el documento, detectó una oportunidad de negocio para Nuevo León y México, así que buscó contactar a la empresa.

 Transformar una industria ‘sucia’ 
“Aunque las tintorerías son un negocio de limpieza, es una industria sucia por su forma de operar, pues trabaja con químicos muy contaminantes y dañinos para la salud de las personas y para el planeta”, refiere Escalante.

“Al toparme con Green Earth me interesó el producto, pues era totalmente biodegradable e inofensivo”, dice.

Llamó por teléfono a los representantes de la empresa  y contactó a los dueños de la patente. Y tras un periodo de negociaciones, consiguió la licencia maestra para México y Latinoamérica.

“Es un gran producto, aparte de que tiene otros beneficios en calidad, servicio”, explica el empresario regio.

Y es que las tintorerías son un negocio tradicional, noble, con flujos estables y una demanda que se mantiene.

Según datos del INEGI y la Cámara Nacional de la Industria de Lavanderías (Canalava), de 2003 a 2019 el PIB de este sector creció en promedio 4.6% anual. Sin embargo, en 2020, debido a la crisis sanitaria por el COVID-19, la industria sufrió una caída del 25.6%, respecto del 2019, pues la gente no iba a trabajar a oficinas, ni a fiestas, ni a eventos sociales, y tampoco llevaba a lavar trajes o vestidos de noche.

“Fue una etapa muy dura, porque nos cerraron, no fuimos considerados un negocio esencial y fueron momentos difíciles que hoy estamos empezando a recuperar”, recuerda Escalante.

Para 2021 ya existían 40,194 unidades y la tasa de rentabilidad era de 42.4%,  un nivel superior al promedio de todas las actividades de la economía, que era de 30.9 por ciento.

De acuerdo con un estudio de Feher Consulting, publicado en enero pasado, “hoy podemos decir que éste es un negocio que crece como la espuma y que beneficia a la generación de empleos y al crecimiento de la economía”.

Llegar con algo nuevo al mercado 
En 2009, Óscar Escalante empezó a idear el concepto de Green Clean. “Diseñé el modelo de la tintorería para que representara realmente limpieza, un concepto amplio, abierto, blanco, que oliera a limpio, y registré el nombre”.

Fue así como el 17 de noviembre de 2009, el emprendedor regio inició la aventura de las tintorerías ecológicas. Arrancó con un primer establecimiento en San Pedro, sobre la Av. Roberto Garza Sada, en el número 104.

“En esa época era un modelo innovador, la ventaja fue que yo ya había tenido tintorerías y conocía el negocio. Cuando entraba alguien y le explicaba cómo se lavaba y los beneficios del producto, quedaban maravillados”, expresa.

Green Clean era un método nuevo para el mercado, incluso para él, aunque ya había tenido tintorerías. “Esta primera sucursal me dio el pulso; ahí pude ver la reacción y aceptación de la gente, porque al final del día era algo nuevo”.

La ausencia del olor a cloro 
A partir de entonces la gente que decidía entrar a su tintorería, dice, salía convencida y regresaba al poco tiempo. 

Lo primero que preguntaban, pues era algo que les extrañaba, era por qué Green Clean no olía. “Me decían: ‘es que no huele a nada tu tintorería, las demás sí’. Ahí era cuando yo les explicaba que a lo que huelen las tintorerías es al cloro con el que trabajan, el percloroetileno, que es un solvente que se utiliza en estos negocios”, agrega.

Este químico se emplea en el lavado en seco desde hace más de 70 años. Se desarrolló como desengrasante de autopartes, pero con el paso del tiempo se dieron cuenta que también permitía eliminar la grasa y las manchas de la ropa, sin encoger las prendas.

Sin embargo, explica Escalante, “es un disolvente muy contaminante” que al contacto o la exposición directa a través de la respiración o la piel, puede causar severas reacciones negativas en las personas. 

En el medio ambiente, a este químico se le ha asociado también con la contaminación de suelos y del agua.

“Por ello es que me llamó tanto la atención el silicón líquido, que no es más que arena líquida. Me lo puedo untar en las manos y no me lastima, es totalmente inofensivo para las personas y para el planeta. Lo puedes echar a una maceta y no le hace daño a las plantas”.

Pero además de ser más amigable con el planeta, también lo es para el negocio, pues es de mejor calidad y durabilidad.

“El percloroetileno ataca y trata de destruir la mancha para llevarse la grasa, que es lo que hace que se maltrate, decolore y desgaste la prenda; en cambio, el silicón líquido levanta la suciedad y se la lleva, sin afectar la composición de las fibras ni los colores”, asegura el fundador de Green Clean.

Además, explica, es un producto que se recicla fácilmente, por lo que es ideal para la llamada economía circular. 

“En las máquinas que utilizan nuestras tintorerías se realiza también el proceso de recirculación; es decir, ese silicón que ya utilizamos, el silicón sucio, pasa después de su uso por unos filtros especiales que lo limpian para volver a usarlo. Claro que va teniendo una pequeña merma, pero su reutilización es indefinida”, explica Escalante.

Las franquicias, clave del éxito 
La aceptación del público, dice el empresario, fue inmediata. 

Luego de poner su primera tintorería la demanda empezó rápido a generarse y para el 2011 ya tenía cinco sucursales propias en la Zona Metropolitana de Monterrey, y con ello también surgió el interés entre potenciales inversionistas sobre las ventajas del negocio.

“La verdad es que no esperé esa aceptación y eventualmente después de un par de años decidí, a principios de 2012, empezar a franquiciar. Desde el 2010 ya tenía candidatos para franquiciar. Sin embargo, en ese momento los tuve que rechazar, pues todavía no tenía toda la estructura, los manuales, procedimientos, todo lo que necesitaba”, explica Escalante.

“La primera franquicia fue aquí en Monterrey, luego nos fuimos a Saltillo, a León, Guanajuato, a Tijuana, Oaxaca, y así afortunadamente hemos tenido un crecimiento muy fuerte en toda la República”, explica.

Desde el principio, dice, supo que su negocio era franquiciable.

“Se trata de un esquema que permite llegar a más lugares, de forma más rápida, con una atención local, porque hacerlo tú solo requiere de una estructura muy grande, y te vas a tardar mucho más tiempo en llegar a más mercados y en que conozcan tu producto o servicio”, reconoce.

Con la mira en el sur del continente 
Hoy Green Clean está en 17 estados de la República, en cinco países latinoamericanos, pero Óscar se dice seguro de que su concepto  tiene aún mucho espacio para crecer.

Tras la pandemia, el mercado y los inversionistas han comenzado a reaccionar. Por ello se ha comprometido a mantener el nivel de expansión que tenía antes del 2019. “Antes del 2020 crecíamos a un ritmo de siete a ocho franquicias cada año, y este 2024 es muy probable que volvamos a esos números. 

“Actualmente, ya están cuatro franquicias en construcción, es decir, se están adecuando los locales; unas están en Chihuahua, otras aquí en Nuevo León y en otros estados”, explica el regiomontano.

También, dice, están ultimando detalles para entrar este año a Guatemala, aunque el potencial, prevé, da para “muchos países más”.

Se jacta de que a su empresa aún le “falta mucho camino por recorrer en Colombia y Perú, donde ya estamos”. 

Su enfoque principal, amplía, es Centro y Sudamérica, con énfasis en países como Panamá, Costa Rica, Argentina, Chile y Brasil, en los que ya “estamos empezando pláticas”.

Pero el trabajo no es fácil. Conseguir un buen inversionista que encaje con el perfil, que sea profesional, toma su tiempo.

“Hay que conocerlo bien, que sea un buen candidato, que sea del país donde estará la franquicia, que se interese por un servicio ecológico, que sepa del negocio, del mercado y de la cultura del lugar, que esté dispuesto a cumplir con los procedimientos, manuales y principalmente tenga alma emprendedora”.

Se debe, explica, hacer una investigación exhaustiva sobre el candidato, conocer sus referencias, sus negocios anteriores, su funcionamiento y honestidad, “hay que ser cautelosos”.

La franquicia tiene un costo de entre $150,000 y $160,000 dólares “llave en mano”, lo que incluye la adecuación del local, maquinaria, canon de franquicia, capacitación, asesoría y visitas de campo. El retorno de inversión es, afirma, de aproximadamente tres años. 

“Cubrir los gastos fijos, es decir, el costo variable es pequeño, representa como el 20% y de ahí todo lo demás es utilidad”, dice Escalante.

Competencia sostenida y sustentable 
El fundador de Green Clean asegura que su negocio fue la primera tintorería que buscó una operación sustentable en México. 

Tras su surgimiento, empezaron a operar más giros comerciales similares, que han adoptado métodos que ahorran agua, energía y realizan prácticas más amigables con el medio ambiente.

Así, se encuentran nombres como Tintorerías Max, Pressto, 7Clean, 5asec y DryClean, que han desarrollado tecnologías innovadoras y utilizan productos biodegradables.

“Hoy hay varias franquicias muy exitosas que son buenos competidores, tienen diferentes métodos, y son empresas serias que han contribuido a hacer crecer este mercado”, expresa Escalante.

Tanto el método como su expansión nacional y en América Latina han permitido a Green Clean ser reconocida en cuatro ocasiones como la Franquicia más destacada en el extranjero por la Asociación Mexicana de Franquicias.

Sin embargo, nada de esto ha sido gratis, durante sus más de 15 años de existencia, Óscar Escalante se jacta de haber llevado a cabo un trabajo diario y meticuloso, buscando la solidez, para llevar a sus clientes e inversionistas una propuesta cuidada e innovadora.