La Negación de la Familia

Escrito en OPINIÓN el

La Negación de la Familia

En materia de adicciones, solemos pensar que cuando nos referimos al estado de negación, ese mecanismo de defensa para no aceptar un problema, lo hacemos pensando sólo en la persona que consume o quien padece la adicción, pero la realidad es que este proceso emocional también es muy utilizado por la familia que, lejos de hacerle un bien a su enfermo, se convierte en cómplice de la patología.

Si el lector tiene interés en el tema, explicado de una manera muy amena por uno de los mejores oradores de la organización AlAnon, por favor busque en youtube los títulos de Salvador Valadez, “Un carrusel llamado negación” y “Rompe con la negación”, en la que se explica con toda claridad este fenómeno que sucede en los hogares donde hay adicción y codependencia.

Existe un gran libro también, de la especialista Claudia Black, cuyo título “Eso no me sucederá a mí” nos da una idea de lo que puede tratar, aunque en este caso va dirigido más bien a los hijos adultos que crecieron en un hogar con adicción y las características correspondientes que ello implica.

Uno pensaría que la negación es exclusiva del o de la adicta, pero la realidad es que en la consulta privada nos encontramos frecuentemente con familias enteras que se viven en este mecanismo de defensa, así sea minimizando la enfermedad de su familiar, como por supuesto negando e incluso llegando a enojarse cuando se les sugiere que ella o ellos podrían haber desarrollado codependencia, como resultados de tantos años de convivir en un sistema donde hay adicción.

Así como el adicto dice tajante “yo no tengo ninguna adicción, cuando quiera lo arreglo”, algunos miembros de la familia pueden decir en voz alta “yo no soy codependiente, yo no necesito ayuda, a quien debe atenderse es al adicto”.

¿Qué sucede con la negación de la familia? En primer lugar, existe el riesgo amplio de convertirse en facilitadores de la enfermedad de su familiar en consumo o en adicción, además por supuesto de impedir que se logre pedir ayuda y puedan ser apoyados por profesionales o expertos.

En alguna ocasión me tocó evaluar a un joven de unos 20 años, cuando sus padres me lo enviaron preocupados por consumo de marihuana, por lo que trabajé con él cerca de 10 semanas antes de darle a la familia mi hipótesis terapéutica y sugerirles una ruta de tratamiento.

“El joven apenas está iniciando el consumo de marihuana, ya le hice ver los riesgos de que se convierta en abuso o dependencia, pero lo que realmente tiene es una adicción al alcohol que me parece conveniente tratarle, antes de que avance y sea crónica”, informé a los padres.

“El alcohol, no es problema, todo mundo bebe, nosotros lo que queremos es que deje de fumar marihuana”, fue la respuesta contundente del padre, en negación por supuesto del alcoholismo de su hijo, porque normalmente para papá y mamá es difícil reconocer que tienen un problema en casa relacionado con la bebida.

En otra ocasión, una señora me respondió tajante que ella no tenía ningún problema de codependencia, que el problema era el alcoholismo del familiar y que en todo caso era mi obligación trabajar con él y decirle a ella cómo comportarse para saber qué hacer cada vez que el alcohol les jugara una mala pasada, lo cual sucedía cada vez con más frecuencia.

En ambos casos, le negación fue un obstáculo para la recuperación hasta que el sistema tocó fondo por lo que mi sugerencia es que se investigue más, se informe, se pierda el miedo y los prejuicios para aceptar la enfermedad y así poder atenderla.