Déjame y no me pegues

María Elena Esparza Guevara.
Escrito en OPINIÓN el

Hace unos días, escuché a una mamá reprimir el llanto de su hija pidiéndole que se viera en el espejo para notar lo fea que es cuando llora. Estoy segura de que tú también has presenciado una escena similar y, si eres mujer, probablemente la viviste de niña.

No pretendo criticar estilos de crianza, pero sí llamar la atención sobre esas formas tan arraigadas culturalmente —no pasa solo en México, he visto lo mismo en Nueva York— que van sembrando la semilla que germina en normalización de la violencia de género.

Crecemos creyendo que llorar, reclamar o hasta expresar nuestras emociones nos hace ver feas, esa gran ofensa de no ser agradables a la vista de los demás. Esto se llama mandato de belleza y forma parte de nuestro rol de mujeres en una sociedad patriarcal que podrá perdonar los golpes en la pareja, pero nunca andar en fachas.

Todavía, en broma, se puede escuchar aquella frase de “pégame pero no me dejes” que refleja uno de los principales mitos señalados en estudios sobre el amor romántico: la omnipotencia. En las series, películas, telenovelas y demás productos audiovisuales de consumo masivo se extiende la versión de que el amor todo lo vence y que un hombre agresivo puede cambiar e, incluso si no lo hace, importan más los buenos momentos que sus humillaciones, insultos, golpes o forcejeos sexuales.

Por esto es urgente visibilizar que cualquier maltrato, por pequeño que parezca, es violencia. El problema es que alzar la voz no es sencillo precisamente porque a veces la víctima no sabe cómo o carece de red para pedir apoyo. Los datos más recientes del INEGI revelan que el 70% de las mujeres ha padecido al menos una agresión de género, pero sólo el 11% pide ayuda o denuncia.

En Nuevo León, por ejemplo, en los primeros cinco meses de este año las mujeres han realizado 3 mil 931 llamadas de emergencia al 911 por incidentes de violencia de pareja, de acuerdo con el Gobierno federal. Y en el delito de género más grave, el feminicidio, el estado ocupa el penoso segundo lugar nacional, con 48 casos en el periodo enero-mayo de 2022, solo después del Estado de México que acumula 61.

La violencia de género suele escalar y sus manifestaciones más sutiles están relacionadas con lo psicológico: ignorar, hacer la ley del hielo y celos disfrazados de protección (“quiero saber a dónde vas o con quién estás porque me importas”) son algunas señales tempranas.

Una forma de des-aprender a reprimir nuestras emociones frente a lo que nos disgusta o agrede es desarrollar la conciencia corporal para validar lo que sentimos y fortalecer nuestra autoestima. Es, en realidad, un camino preventivo de la violencia de género porque nos empodera para saber que ningún tipo de maltrato en la pareja es aceptable; la tarea del gobierno es asegurarle a todas que no están solas en su proceso.

Si te identificas con lo que has leído y necesitas orientación, recomiendo el servicio gratuito, anónimo y 24/7 del Consejo Ciudadano de la CDMX que atiende con psicólogas y abogadas a todo el país a través de la Línea Mujer y Familia y el Chat de Confianza, ambos en el 55 5533 5533.

 

María Elena Esparza Guevara

La autora es Maestra en Desarrollo Humano, egresada del Programa de Liderazgo de Mujeres en la Universidad de Oxford y fundadora de Ola Violeta A.C., desde donde trabaja por el derecho a la conciencia corporal de niñas y mujeres. Su buzón de twitter está disponible en @MaElenaEsparza