En línea

Daniela Mendoza
04 de Febrero 2021
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Daniela Mendoza

Aprender a través de Internet se ha vuelto, uno de esos tópicos prohibitivos para las charlas de sobremesa, como un asunto de religión o de política que divide las opiniones y genera grandes pasiones en uno u otro sentido.

Algunas personas están felices con el cambio, otras dicen que no han aprendido nada, y estos extremos se deben a una diversidad de factores.

Por un lado, tenemos la realidad aplastante de nuestro país, no todas las personas tienen la posibilidad de contar con dispositivo móvil o una conexión a Internet, para empezar.

Aun hay 37 millones de mexicanas y mexicanos sin acceso a Internet, según la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (Endutih) 2019. Lo que nos dice el INEGI es que además, la gran mayoría de estas personas viven en zonas urbanas marginadas y su falta de acceso se debe en primera instancia a la economía y en segundo a su ignorancia sobre el uso de las tecnologías de la información.

El otro gran problema es el de la adaptación de un modelo presencial a uno virtual. Es difícil tanto para docentes como para estudiantes entender que no se trata de un “traje” al que le puedes hacer algunos ajustes como soltar la bastilla o poner algunas pinzas para que se adapte, es un “traje” distinto.

Como docente, no puedes “compensar” la falta de interacción con una multitud de tareas o evidencias para “asegurarte” de que tus estudiantes “aprendan” todo el contenido del programa.

Como estudiante no puedes esperar que tú docente pase más de la mitad de su jornada diaria (más allá de lo laboral) haciendo videos, juegos y otras experiencias educativas para que “no te aburras” y las clases sean más “entretenidas”.

Si, lo dicho anteriormente es una simplificación de lo que viven, vivimos, cientos de miles de docentes (sin tomar en cuenta la idea de padres y madres de familia que piensan que quien está al frente de la clase “no hace nada”). Lo que subyace es la nula educación para los medios que tenemos las y los mexicanos.

Tenemos dispositivos, aplicaciones y programas, pero no sabemos usar críticamente estos medios más allá del entretenimiento, y ya no podemos esperar más o volver atrás, debemos darle una oportunidad a la educación en línea porque es lo qué tenemos y en ello estamos cimentando la formación de la niñez, la adolescencia y la juventud mexicana.

En la UANL, donde tengo el placer de ser docente desde hace ya 5 años, iniciamos un nievo ciclo este martes. Las posturas siguen siendo encontradas, pero quienes están interesados en aprender, de este y del otro lado de la pantalla podemos lograrlo.

Dedico esta columna al Dr. Sergio de la Fuente, docente, académico e investigador de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UANL, que ayer dio su última clase y hoy partió de este mundo.

Nota: La opinión de los columnistas es responsabilidad exclusiva de los mismos.

 

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