Vacunas y colaboración global

Gilberto Miranda
20 de Noviembre 2020
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Gilberto Miranda

La pandemia ha transformado -trastornado, incluso- al mundo entero: la vida personal, familiar, social, profesional y pública cambió por completo. Si bien nadie ha escapado a los efectos del COVID-19, también es cierto que las circunstancias en que se ha tenido que enfrentar esta contingencia no son las mismas para todas las personas, y peor aún, ha castigado con mayor severidad a quienes ya eran más vulnerables.

Desde el principio de la pandemia, diversos especialistas advirtieron que el único factor que podría detener la crisis era el desarrollo de una vacuna, pues, como lo hemos experimentado estos meses, estaríamos entrando y saliendo del aislamiento y viviendo con medidas de prevención.

Ahora que empresas como Pfizer y Moderna han anunciado hasta un 95% de efectividad en las vacunas que tienen en desarrollo (a nivel global, once vacunas ya están en Fase 3, realizando pruebas en poblaciones de miles), comienza a verse la luz al final del túnel.

Estas vacunas están haciendo historia en la ciencia. El récord anterior para el desarrollo de una nueva vacuna era de cuatro años, la del COVID-19 estará lista en alrededor de un año y medio.

Esta velocidad inusitada para crear el fármaco obedece a dos factores principales, además de la obvia necesidad de resolver la emergencia mundial: primero, está basado en una nueva tecnología llamada ARN, donde se toma parte del código genético del COVID-19 y se inyecta en el cuerpo, lo que permite la producción de proteínas que entrenan al sistema inmunológico.

El segundo factor, es la colaboración: laboratorios privados; centros de investigación públicos; gobiernos y universidades han sumado esfuerzos para acelerar el desarrollo.

Esta lógica de colaboración ante una emergencia global (similar a lo que fueron los “esfuerzos de guerra” en el periodo 1939-1945) puede y debe replicarse ante los problemas macro que estaban ahí antes de la pandemia y que seguirán una vez que se vaya, como el calentamiento global y la creciente desigualdad social.

Esta solidaridad, empatía y descubrimiento de un sentido de comunidad debe energizar los esfuerzos futuros por mejorar el estado del mundo, empezando por asegurar que haya un mundo. Olvidar los sacrificios y costos que ha significado la pandemia sería una tragedia tan o más grande como lo que hemos perdido en ella.

Nota: La opinión de los columnistas es responsabilidad exclusiva de los mismos.

 

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