El poder del fanatismo

Javier N. Pro
13 de Enero 2021
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Javier N. Pro

La temporal toma del Congreso Federal de los Estados Unidos, perpetrada por una turba de fanáticos enardecidos ante la convocatoria y discurso incendiario del aún presidente norteamericano, Donald Trump, ocasionó una conmoción internacional al poner de manifiesto que los atentados graves a la democracia, la ley y el orden, no son exclusivos de los países tercermundistas, sino que también suceden en aquellas naciones de supuesta vanguardia.

El suceso, que terminó en una cantidad mínima de muertos considerando que pudo ser muchísimo mayor en un país en el que las restricciones para adquirir armas de alto poder son ínfimas, puso en una posición de vergüenza mundial a la nación que se ha autoasignado el rol de defensor internacional de la democracia, demostrando que ningún pueblo es inmune a la ignorancia y que el fanatismo no conoce de nacionalidades, etnias o clases sociales.

La humanidad se encuentra tan expuesta a la saturación de información a través de tantos medios de comunicación, que el control de los mismos se vuelve imposible en un contexto democrático, y las ideas allí contenidas pueden ser interpretadas y utilizadas de infinitas formas, dependiendo del pensamiento de cada recipiente.

Fanáticos religiosos dispuestos a sacrificar su propia vida en atentados terroristas ante la promesa de convertirse en mártires y alcanzar lugar en un inexistente paraíso, fanáticos ideológicos que prefieren arriesgar su vida y darle la espalda a años de avance en la ciencia médica al negarse categóricamente a la vacunación de enfermedades que ya se habían considerado erradicadas, y fanáticos políticos que sin prueba alguna están dispuestas a tomar por algunas horas el recinto oficial de un Poder Legislativo a sabiendas de que aquello les iba a costar su propia libertad por tiempo indefinido ante los crímenes cometidos aquel día.

La ignorancia es peligrosa, y de seguir el rumbo actual, será solo cuestión de tiempo para que aparezca un líder aún más nocivo, seguido ciegamente por los fanáticos más retrógrados y las consecuencias sean irreversibles.

Peores que los atentados de las últimas décadas. De no impulsar soluciones a este problema, no habrá fuerza que se le pueda enfrentar al voluble fanatismo cuyos practicantes históricamente han demostrado que están dispuestos a las prácticas más crueles, destructivas y extremas que se hayan conocido. El futuro de la humanidad será uno de educación, racionalidad y sabiduría, o no será.

Nota: La opinión de los columnistas es responsabilidad exclusiva de los mismos.

 

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