¿Valió la pena salir?

Javier N. Pro
10 de Febrero 2021
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Javier N. Pro

Nuevo León toma un respiro nuevamente ante la baja de contagios y ocupación hospitalaria por Covid-19 que se dio a conocer el día de ayer.

Ligando 14 días a la baja, el martes se registró la menor desde el 26 de diciembre en cuanto a hospitalización de pacientes, ubicándose en 54 por ciento.

El número de nuevos contagios se ubicó en los 509, muy por debajo de los alarmantes 1,200 casos diarios que veíamos hace algunos días.

Una hipótesis difícil de refutar apunta a que el pico del caos de enero obedeció a las fiestas decembrinas y de año nuevo, que a pesar de la insistencia de las autoridades nuevoleonesas en que éstas no se hicieran de manera presencial, o por lo menos se limitara el aforo para evitar un alza en los contagios, la mayoría de la gente prefirió ser insensata y no solo se reunió con toda su familia, sino que algunos incluso salieron de vacaciones, exponiéndose al riesgo inherente de los aeropuertos.

Otras personas, con todo y que acabábamos de romper récord de contagios por día, se aglomeraban los sábados para irse de compras, incluso sin cubrebocas, solo porque un día de la semana iban a estar cerrados los negocios por disposición de Salud.

La verdad aunque duela, pero los regiomontanos como sociedad saldríamos reprobados, y por mucho, si existiera un test de conciencia colectiva, y eso no es culpa de nadie más que de todos y cada uno de los que salen de sus casas a realizar actividades no esenciales, y aquellos que aunque la actividad es esencial, lo hacen sin las medidas de salubridad óptimas.

Salir a comprar de comer, salir a trabajar cuando no exista la opción de hacerlo a distancia y salir a atenderse por un padecimiento de salud son las únicas actividades que son esenciales, con muy pocas excepciones; y si así lo hubiese concebido la sociedad, ya habríamos salido de esta pandemia.

Pero en nuestros peores momentos la gente se siguió reuniendo presencialmente con sus amigos, la gente hubiera seguido asistiendo a rendir culto religioso de no ser porque las autoridades lo prohibieron, e incluso se conoció de sujetos que asistieron a antros y centros nocturnos que operaban en la clandestinidad.

Gracias a que muchos decidieron no cuidarse, todos estamos pagando las consecuencias y se han perdido miles de vidas. ¿A cuántos familiares no volveremos a ver porque no pudieron aguantarse un año en el que no hubiera cena de Navidad? ¿Porque no aguantaron no celebrar un Año Nuevo? ¿Por una fiesta con los amigos? Una reunión por una vida. ¿Valió la pena?

 

Nota: La opinión de los columnistas es responsabilidad exclusiva de los mismos. 

 

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